13-Diciembre

A priori, la idea de independencia excita a mis vecinos, tan románticos como ávidos de épica. Confieso que yo también tuve mis devaneos independentistas, hasta que caí de la higuera. No es que haya dejado de creer que la independencia nos convenga. No me malinterpretéis. Sencilla y llanamente, me parece algo improbable. O más bien, inaplicable. No es que mis vecinos vayan a dejar de creer. Cada cual tiene su perspectiva del mundo, más o menos ancha según sus circunstancias.

Desde luego, la visión que un barcelonés puede tener no es la misma que del que ha mamado catalanismo y folklore en un entorno más hermético, nada cosmopolita. Aquí un colombiano todavía es un alienígena para los del pueblo “de toda la vida”. En Barcelona sería un ciudadano más, y nadie se iba a extrañar por ver una mesa con 5 o 6 extranjeros tomando el café. No habría comentarios xenófobos, que los hay. Y no te mirarían mal si, siendo catalán te ven charlando con uno de ellos, que lo hacen. Por eso, no me hableis de “nació sobirana i europea”, porque aquí, somos tan cosmopolitas como Paco Martínez Soria en aquella película de “La ciudad no es para mí”.

¿Qué pasa con La Caixa, las empresas, los inmigrantes?... Se puede vender humo, ilusionar y excitar a los jóvenes, cargar discursos fáciles para conseguir votos de los más recalcitrantes, vender libros y llenar horas de debates. Hasta se puede llegar a un referéndum en un futuro, y conseguir un buen resultado. Pero, más allá del voluntarismo, cómo me convencerán de que la consecución de un estado propio no significaría otra cosa que dejar manos libres a la Catalunya feudal. De que el deshacer las ataduras políticas con España sería garante de mayor justícia y menor presión fiscal. De que se acabarían los peajes.

No puede suceder nada de eso. Ni se puede excluir de éste país, de la noche a la mañana, a todos aquellos inmigrantes que vinieron hace 40 años, porque no sean catalanes o no hablen catalán –nivel C-. ¿Qué vais a hacer? ¿echarlos?. Os voy a decir porqué estais perdiendo el tiempo. Votar en una consulta no vinculante es como preguntar a la gente. ¿Usted querría tener un Ferrari?. Todos seguirían el juego y votarían que SI, sabiendo que no te comprometes a nada. A ver a quién no le gustaría. Pero si la consulta fuera vinculante, el 99% dirían que NO. Una cosa es soñar que puedes llevar un Ferrari. Otra muy distinta, que tengas que mantenerlo.

Al empresario no le vendas patriotismo a cambio de su negocio. El patriotismo sólo te lo puedes permitir si no tienes nada. Amigos, Braveheart ya no tenía nada que perder. Pero aquí el que menos tiene uno o dos coches en el garaje, la nevera llena y la targeta de Gol-TV. Con éstos presupuestos, ¿cómo vais a pedir una revolución?. ¿estamos locos?.

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Que siga la fiesta

Hoy (27/10) la Guardia Civil ha detenido al alcalde de Santa Coloma, al exconseller Macià Alavedra i a Lluís Prenafeta, exsecretario general de la presidencia con Pujol. Al final será cierto aquello de, cuanto más tiren del hilo... Pues bien, a ver si el señor Garzón, ya que no se le deja investigar los crímenes de la guerra civil (como sería lo normal en un país normal) pues que tire de la manta, por favor. Siga usted investigando a fondo, porque si a los Millets, encubiertos y premiados con ‘creus de Sant Jordi’ y butaca de honor en el palco del Camp Nou, los tiene que cazar alguien, no serán aquellos que hasta hoy les han dejado ir haciendo y cobrándose su silencio a base de subvenciones. Claro, no sabían nada. Por supuesto, ya quedó claro ayer en la entrevista a Jordi Pujol. Vean el video, por si quedan dudas.

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Monstruos contra Alienígenas

Falta saber quién es quién. Aquí, Montserrat Nebrera, que se ha retirado cansada de luchar contra molinos de viento, dijo la frase: Ya somos Italia. Nebrera es perspicaz, pero ha tenido que comprobar en su propia piel lo que era de Perogrullo. Que los mecanismos de poder, intereses e influencias –el engranaje- de los partidos no cede ante nadie, y menos ante la amenaza de quien tiene un concepto tan distinto de la política, donde no cabe, por ejemplo, ése corporativismo ciego que domina el panorama. Hasta ahí podríamos llegar, que venga una librepensadora a remover nuestras poltronas.


Difícil decisión. ¿Quiénes son los alienígenas?, tenemos a Francisco Camps, Jaume Mata, Rita Barberà (la de, Santa Rita, Rita, Rita… lo que se da…), o al simpático de Zaplana, que por cierto, llegó a decir que se había metido en política para forrarse, literalmente. Hasta aquí, la parte del PP. Todo “normal”. Por parte del PSOE, los tráficos de influencias –también- de ayer con los despachitos de Juan Guerra, las condonaciones de deudas millonarias a Montilla (La Caixa.. ¿parlem?) y a otros, el caso Urbanor –otro pelotazo-, los fondos reservados, Filesa, Roldán, etc. Disculpen si me dejo unos cuantos. Por la banca, ayuntamientos y demás, Marbella, Gescartera, Tabacalera, Lasa-Zabala, De la Rosa, Emilio Botín, y los que se andarán. Ni un pam de net.


Millet, Producto con D.O.

Millet es, en cualquier caso un producto -con D.O.- de ésta cultura latina del “si cuela, cuela”. Convergència sabía que, legalmente, se podía recibir dinero del Palau a través de alguna fundación, y lo aceptaron. La ética no existe en política –y lo he comprobado personalmente-. A Millet no se le puede justificar, pero sí se entiende que, cuando existe una predisposición al trapicheo y la connivencia siempre saldrá quien se suba al carro y vaya tirando hasta que lo pillen. Extrañarse de que aparezca un Millet, cuando estamos rodeados de ellos resulta irónico. No hace falta ir al Palau de la Música para descubrir ¡ooh! que alguien se ha estado construyendo un chalet desviando dinero público.

Podemos ir muchíiisimo más cerca -a no ser que seamos ciegos o no nos interese verlo-, pequeños Millets haciendo sus tejemanejes, como adjudicarse obras a sus propias empresas con el silencio cómplice de todos. De sus partidarios -porque no desean perder su pequeña cuota de poder, o la ocasión de ir trepando- y de la oposición, que no levantará la alfombra porque está esperando poder hacer lo mismo. Si no aparecen Millets no es porque no los haya. Es porque tienen el soporte y refugio de otros aspirantes. Esta es la cruda realidad de éste país, el resto es fantasía o querer negar la evidencia.

El intentar declarar menos o buscar artimañas para eludir a Hacienda es un clásico. Lo malo es que, engañar no sólo no se considera motivo de vergüenza, sino todo lo contrario. Envidia y admiración. Luego nos preguntamos porqué nuestros vecinos del Norte de Europa están tan avanzados en valores democráticos, ¿No será que tienen conciencia de la otredad y la ética?.


Me pregunto, si tuviéramos un presidente como Berlusconi, que es admirado por la mayoría de italianos, a pesar de sus relaciones con prostitutas, sus declaraciones machistas y sus abusos de poder, ¿también lo envidiaríamos?.

Aparentemente –digo, por si acaso- no hemos caído a éste nivel. Zapatero y Rajoy serán buenos o malos políticos, pero aquí aún no hemos visto a un presidente de gobierno fotografiado con una puta en el coche, sonriendo como si no pasara nada, o haciéndose el machito con las diputadas. Después de decir a Rosy Bindi –exministra de 58 años- que era “más bella que inteligente”, tiene a media Italia en pié de guerra. A ver si, por fin se impone la justicia, ya que por lo visto, ni en España ni Italia existe eso tan raro llamado vergüenza, pues cuanto más gorda la hacen, más pecho sacan.

¿Quiénes son los monstruos, y quiénes los alienígenas?, pues si Italia está pasada de vueltas, aquí solo nos falta ese pasito, que según los sociólogos será la desconexión absoluta entre la política y la calle, para que aparezca un mesías y se corone emperador. En Venezuela también lo tienen.

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