Era previsible el desprecio que el gran Vicente Ferrer ha recibido de nuestra clase política, por no decir de la Iglesia. Por otra parte habría sido una sorpresa que, de repente se rindiera un merecido homenaje a un personaje de los grandes, cuando lo habitual en éste país es el menosprecio a todo aquel que excede el techo de lo mediocre y rebosa excelencia. Supongo que la obra de Ferrer es tan imponente por la calidad humana, generosidad y amor a los demás, que sonrojaría a los que están en el paripé político aparentando voluntad de servicio. Y son legión.
Benach ha dicho que no se iba al homenaje para evitar críticas por los gastos. Fabuloso. Aquí sólo hay dinero para lo que engorda el pretendido orgullo nacionalista de unos cuantos. Para alquilar locales en el Rockefeller Center (que no es precisamente alquilar una oficina en Hospitalet), en el centro de Manhattan, a lo grande (¡como el dinero no es nuestro!). Y esto en plena recesión y más de 4 millones de parados. Por si fuera poco, otras tantas embajadas de la Generalitat en Rabat, Londres y Paris –colocando, por supuesto a los parientes-. O sea, el usufructo del dinero público –el que se recauda de las abusivas contribuciones, impuestos de aguas, sucesiones, IRPF, etc. de tanta gente que las está pasando canutas para llegar a fin de mes- lleva al despilfarro a discreción, sin que nadie haga nada. Pero a Vicente Ferrer ni agua. Ah, sí, le propondrán al Nobel de la paz, para que haga compañía a pacifistas como Kissinger.
Este es el pago a un hombre cuyo crimen fue entregarlo su vida altruistamente y con convicción por el beneficio moral de mejorar la existencia de los demás. Escapó de éste mundo banal, para seguir lo que le dictaba su conciencia. Aquí, en Occidente se observa la obra de Ferrer con una mezcla de admiración y perplejidad. ¿Cómo pudo un solo hombre conseguir tanto bien para la humanidad? Aunque poco o nada nos interesa realmente, y así se manifiesta a través de nuestros representantes.
Sí, el altruismo existe. Hay muchas personas dedicadas en cuerpo y alma a las ONG, y con ganas de hacer algo por los demás. Hay otros como Vicente Ferrer, que están ahí, salvando su pedacito de mundo. Lástima que nuestros políticos estén demasiado ocupados en autopromocionarse y sus luchas de poder. Y lástima también que aquí abajo estamos cegados de emoción con los Panem-et-circenses, ignorando lo que se podría hacer con el dineral que se está pagando por ver a un niñato chutando un balón. Esto demuestra que, a excepción de seres como Ferrer, que dignifican a la humanidad, a la mayoría, el sufrimiento ajeno nos importa un huevo, y sólo nos acordamos de San Pedro cuando truena.
Nota [17 dias después] : Como es habitual, el homenaje se produjo después de las críticas, forzado por el alud de comentarios por la indiferencia inicial.


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